La ignominiosa mirada de la duda, juega parábolas en tu cabeza, yo solo canto canciones propi lácticas, esquivando las dunas en medio de la noche, un clavado al vacio, hacia el mar del hado; luego nado pasmoso seducido por sirenas y su canto de ballenas.
Desorbitado con mis alas caladas, vuelo y me aferro de una estrella, te busco en las llanuras y solo hallo la esencia, merodeo por la espesura de la selva hasta que por fin el astro más hermoso susurrándome delataba tu presencia, me rindo en la lluvia y dejo mi cuerpo a manos de la tormenta, viajo libre con mi alma y con la idea de engancharte a mi cenefa.
Una jauría de lobos arcaicos, me deleitan con una tabla tura inimaginable de roncos aullidos, bramidos y chillidos tan salvajes que llegan sus ecos cabalgando por la brisa hasta lo más profundo de los mares, todo un espectáculo honrando la luna.
Termino mi travesía con el final de la noche y el comienzo del día, mientras las dos esferas se encuentran y deciden postergar su eclipse hasta el día que el agua del mundo se enrojezca, al recibir sangrando nuestros corazones después de llegar a la ineludible y esclarecedora muerte.
Un resplandor purpura atraviesa mi retina, mis sentidos me percatan que tu aura se aproxima, con un beso y el sabor de tu saliva, agonizo y en estado de coma, navego en mi vigilia.
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