Emigrando sin vuelta atrás, sin mano levantada, sin despedida homicida, Sin voz gruesa y honda salpullida:
El hambre de condenas cae,
Como una gota de un árbol que brinda conmigo y
¡Expande Maldecidos pétalos de sus hojas!,
¡De caras marcadas por la misma tormenta!......
Su lágrima de placer se baña en el vaso amarillo de la cerveza que brilla en su blanca brisa,
Saludando los restos de mi disperso universo, que no lo captura ninguna cobija,
¡Ninguna! solo la red de tu dulce viento..
Los ecos, juegan y rebotan en nuestros cuerpos,
Dejando heridas de guerra en las espaldas,
Voces delinquiendo en el mismo cuarto con nuestras alas,
Puñales que actúan como colmillos, crean ríos enrojecidos que no vemos,
Pero que perforan las venas y viajan con ella por los techos en busca de los inviernos,
Para observar nuestra ruleta subir y bajar,
Al vernos soñar en nuestro lecho,
Y para bien o para mal, para dos cosas estamos hechos:
Para secar la catarata de gloria al unirnos y separarnos….
O unirnos y hacer que los rayos se arrodillen con los años
Y que la inspiración nazca y muera como el ocaso...
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